11.30.2007

>>> El largo y duro camino a la rehabilitación...

Uno de los días más nobles que puede vivir un hombre es cuando toma la desición de rehabilitarse y dejar las drogas. Yo me siento orgulloso de haber vivido ese proceso.

Hay diferentes tipos de drogas, pero la verdad es que todas te dejan hecho mierda en distintos niveles; neurológico, físico, social, económico, etc. Esta sociedad se ha encargado de estresar a las personas a niveles tan profundos que, a veces, la única salida aparente es la evasión... y las drogas son una eficiente y rápida forma de evadir la realidad, con todos los costos que esto conlleva.

No me siento orgulloso de lo que hice, no estoy feliz por haberme vuelto un ser dependiente de las sustancias para estar bien. La verdad es que no hay un punto más bajo en la vida de un hombre, que ese que se alcanza cuando requieres de algo externo para sentirte bien. Mi relato es de esos pocos afortunados que, en la gracia del Señor y con la ayuda de mis padres y amigos que me quieren, logramos salir de ese oscuro mundo y volvemos a ver la belleza de este mundo sin ese velo que pones ante tus ojos cuando decides drogarte.

Recuerdo esas interminables jornadas sin mi medicina, sin esa sensación de bienestar mentiroso y las abrumadoras ideas desesperadas en mi cabeza. Recuerdo como, dejando mis responsabilidades atrás, salía a la calle a conseguir lo que necesitaba para estar bien. No me enorgullese haber llegado a un punto de descaro tal que lo hacía en la oficina, en la casa frente a mi familia y con mis amigos en cualquier parte. Era horrible sentir que mi ánimo cambiaba y me ponía malhumorado y gruñón, odioso incluso, cuando pasaba mucho tiempo sin consumir. No era yo. Pero es que de verdad se sentía bien, la sensación de relajo y felicidad, porque ese momento lo era todo. Mi cuerpo también reaccionaba negativamente, me fui hinchando y reteniendo líquido, llegaba a la casa y no tenía deseos de comer... y si lo hacía, era por gula. Noches completas, "disfrutando" con mis amigos, angustiado pensando en mi dosis, preguntándome cuándo era que podría conseguir un poco... solo uno más... el último me decía... pero yo sabía que eso distaba de la verdad. Mis susodichos amigos fomentaban mi adicción, incluso me ofrecían precios risibles... me llevaron directamente a la fuente.

Fueron días negros en mi vida, pero afortunadamente tuve la fuerza de voluntad y el apoyo de la gente que me quiere para salir adelante, fui al médico, me puse en contacto con Dios y con mi polola, a quien había dejado de lado producto de mi maldito cáncer. Fue un duro camino, pero hoy puedo decir con todo orgullo y felicidad plena, que he dejado mi adicción a los mamíferos plantígrados gomoso-gelatinosos... YA NO SOY UN ESCLAVO DE LOS AMBROSITOS!!!


1 comentario:

Anónimo dijo...

no te creo ni mierda hasta no verlo