Renunciar a una pega es un proceso laboral que todos debemos pasar, cuando menos, una vez en la vida. Si es dulce o amargo, depende de la experiencia de cada uno, es por ello, se dice que cada renuncia es distinta a la otra, que depende de cada uno y que lo mejor es irse en buena onda, como por si hay que volver, así como lo describió tan soberbiamente el Chavo del Ocho en su poema canino número 1.
¿Mi caso? Yo me estoy yendo en buena onda, con mis compañeros, mis jefes y las otras personas que trabajan en la misma oficina, pero que son de otra empresa. Y en mis profundos análisis por el mundo y la historia, he logrado llegar a un patrón de comportamiento de todas las personas que renuncian. Un patrón que se repite inamoviblemente, y en particular, durante la última semana de trabajo.
-------------------------------------------------
LA ULTIMA SEMANA DE TRABAJO
-------------------------------------------------
Lunes: primer día de trabajo, la luz al final del túnel toma fuerza, un fin de semana diferente se avecina. Esto debe celebrarse como Dios manda… y si la hora de entrada es a las 9:00, llegas a las 9:30. Solo con el afán de sentar el precedente; “me voy”.
Martes: la sonrisa matutina se agudiza, solo 4 días más. A estas alturas uno ya comprende que nada malo puede pasar; si hay que quedarse hasta tarde, simplemente te descartas. A los 30 minutos de atraso, le sumas 15 minutos más y decides, arbitrariamente, reducirte en 15 minutos la jornada laboral.
Miércoles: la semana va por la mitad, y si bien nada te importa como antes, el cansancio empieza a hacerse sentir, empiezan a aparecer los primeros deseos de mandar a todos a la mierda el viernes, así que le sumas otros 15 minutos de atraso a tu entrada, restas otros 15 minutos de jornada y aumentas en media hora el período de almuerzo. A la noche, te juntas a chupar con algún otro amigo cesante o en proceso de…
Jueves: la caña arrecia, los indios invocan a Chapultapec en tu cráneo y las ganas de ir a trabajar son nulas, pero ya no queda nada, el último esfuerzo (aunque no tan esforzado tampoco…); llegas con el mismo retraso anterior, duermes una siestecita de unos 20 minutos antes de almuerzo, mantienes tu hora y media de almuerzo y sales 30 hora antes, o sea, 1 hora y media después de almuerzo.
Viernes: el día parece especialmente brillante, aunque esté nublado, el sol brilla para ti, todo va bien. Llegas a la pega sin siquiera ver la hora, almuerzas con tus compañeros por última vez por 2 horas y te pasas el resto de la tarde despidiéndote, dando las gracias pertinentes y abandonas la oficina con una sonrisa en tu rostro que ni la muerte de un ser querido podría borrar. Mientras te alejas, como David Carradine, pero con zapatos, hacia el horizonte, tomas una profunda bocanada de ese dulce aire de libertad que llena tus pulmones, te vuelves para ver por última vez a tus jefes y compañeros de trabajo y con una lágrima empezando a correr por tu mejilla, recuerdas fugazmente los buenos y malos momentos. Tu despedida queda sellada cuando, tras un suspiro hondo, vuelves a tomar aire y te despides: “VAYANSE A LA CHUCHA!!!”
Hoy es mi último lunes, el proceso, en mi caso, estará acelerado, pues yo trabajo hasta el jueves y el viernes es puro hueveo. ALMA ha sido una gran experiencia, pero después de todas las horas trabajadas, las discusiones sostenidas y las largas y productivas reuniones, lo único que quiero es pasar una semana sin ver a estos hueones… después de eso, tal vez salgamos a tomarnos una chela. Por ALMA y sus integrantes… y particularmente por mi renuncia… SALÚ!!
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
2 comentarios:
flow?
jajajajjaja, se te va aextrañar watipedia, que la sed te acompañe, nos vemos en el FUTURO.
Publicar un comentario